IV Concurso de Microrrelatos
En la revista del pasado mes de enero, publicamos la obra ganadora del IV Concurso de Microrrelatos de la Unión de Pensionistas y Jubilados de Santomera (UDP). Ahora es el turno del segundo premio que fue para Antonio González.
El hoyo de la basura
Antiguamente en todos los pueblos, había en los patios de las casas un hoyo donde se echaba la basura de los animales. Estos hoyos significaban mucho para las familias. Hoyo grande, familia rica o acomodada. Hoyo mediano, familia pobre o casi pobre.
Era muy corriente cuando una muchacha estaba para echarse novio, los pretendientes lo primero que hacían era entrar disimuladamente en la casa para ver el hoyo.
Ellas lo sabían y ahorraban todo lo que podían y les decían a sus padres: –Papá, toma este dinero para que compres algún animal grande y nosotras lo cuidaremos. Queremos que el hoyo sea más grande. Yo tengo cerca de veinte años y quiero casarme.
Juan y Blanca era un matrimonio con dos hijos y una hija y vivía con ellos la madre de ella llamada también Blanca. La hija era bellísima y tenía 18 años, también se llamaba Blanca como su madre y su abuela. El hoyo de su casa era bastante grande. Entre el hoyo y ella tan guapa, no le faltaban pretendientes. Ella no podía decir de ir sola por la calle porque siempre llevaba algún pretendiente con ella. Había uno llamado Sergio que era el que más le gustaba. Él no se fijaba en el hoyo cuando le gustaba una muchacha ya que pensaba que si la hija era feucha, antipática y poco agradable, para qué quería tener el padre el hoyo más grande del pueblo. Creía en que lo importante era encontrar a la mujer que le hiciera feliz toda la vida sin contar con el hoyo.
Los tres hijos de esta familia, limpiaban los animales y les sacaban la basura. Llegó el momento de vaciar el hoyo y la casa estaba en fiestas, además se sacaban muy buenos dineros. La madre era la que se dedicaba a repartir el dinero que había ganado. La hija era la que más se llevaba y los hermanos se quejaban. Se pasaron dos años y esta familia fue prosperando. Los hijos habían encontrado trabajo y la hermana estaba hecha una real moza con muchos pretendientes. Trabajaba en un taller de costura y a la salida del trabajo, casi siempre había alguno esperándola. Era muy simpática y daba gusto estar con ella porque se pasaba un rato muy agradable. No se canteaba por ninguno porque le gustaba su antiguo pretendiente Sergio, que trabajaba en la capital. Venía todos los sábados y por la noche iba a verla. Se querían. Sergio decía que cuando terminara la carrera se casarían. Había mucha felicidad en esta casa.
La abuela, cuando su nieta iba a salir, la llamaba para verla y le decía: –¡Qué guapa estás! Cada día te pareces más a tu madre. La besaba y le daba dos pellizcos en los pómulos de la cara para que le salieran coloretes. La nieta le decía: –Abuela, eso se hacía antes, ahora se echan polvos. Y la abuela le contestaba: –Ya lo sé hija, pero un buen pellizco hace lo suyo. Me acuerdo cuando mi madre me daba tres o cuatro y parecía que me había calentado en una fogata. El dolor en la cara me duraba media hora pero iba colorada.
Un sábado Sergio fue a ver a Blanca. Estaba ella hablando con sus padres en la calle. Al verlo venir ella les dijo: –Sergio quiere pediros permiso para poder entrar en la casa para hablar conmigo. Entraron todos en la casa y le presentaron a la abuela. Sergio les dijo: –He terminado la carrera y quisiera casarme con vuestra hija si puede ser, antes de que termine el año. Los padres le dijeron que por su parte aceptarían pero tenía que aceptar también la abuela. Ésta le dijo: –Sí, pero tenéis que daros prisa porque faltan dos meses para que termine el año.
Cuando vinieron los hermanos se lo dijeron. Los llamó la abuela y les dijo: –Los padres de Sergio, el novio de vuestra hermana, han comprado dos pares de vacas. ¡Dios Santo, vaya hoyo tendrán!, dijeron los hermanos. Y la abuela les contestó: –Vosotros estaréis contentos porque de aquí en adelante, todo el dinero que saque vuestra madre del hoyo, será para vosotros. ¿Qué os parece?
Un inciso del autor: la abuela llamó a sus nietos para decirles lo del hoyo de la basura porque le quedaban pocos años para morirse. Venían tiempos mejores, la madre no les daba dinero y sabía la falta que tenían tanto de ropa como de calzado y era todo siempre para la hija. La abuela les dijo: –Mirad hijos, las familias humildes como nosotros, si Dios les da la alegría de tener dos hijos y luego una hija pequeña, la madre le va comprando cosas, ahorra y va adornando el ajuar. Por suerte a vosotros al ser hombres no os hace falta.
Pasaron unos meses y los novios se enfadaron y Sergio se marchó a la capital. Blanca estaba muy triste. Los hermanos pensaron que si la hermana no se casaba, ellos no cobrarían nada del hoyo como antes. Así que pensaron en un plan para reconciliar a los novios. Uno de ellos fue a la casa del médico del pueblo y éste le dejó un libro de poesía. Los dos hermanos escribieron cartas a los novios. Una era para Blanca de parte de Sergio y al revés. ¿Cuál fue la sorpresa que se llevaron cuando vieron aparecer a los novios cogidos del brazo?
Se casaron poco después. Aquella boda fue muy sonada por la cantidad de invitados y lo guapa que iba la novia, pero no sonó tanto como las monedas que ganarían los hermanos de ahora en adelante.
Antonio González – Segundo premio IV Concurso de Microrrelatos UDP
Revista La Calle Nº185 – Marzo 2019