Folio en blanco: Otra calle La Gloria es posible

Otra calle La Gloria es posible

Hemos de felicitarnos por los cambios anunciados para La Gloria, en cuanto que los mismos puedan ser el inicio del proceso de devolución de las calles a sus legítimos usuarios: las personas… y los perros. Los cambios pueden representar, tal como ha sido anunciado, una mejora, y quizás respondan a la atención de una necesidad generalmente sentida, pero, en mi opinión, son, también, insuficientes. Después de tantos años pendientes de actuaciones sobre esta calle, algunos podríamos sentirnos legitimados para esperar que, cuando se decidieran, fueran lo suficientemente ambiciosas, convirtiendo, por ejemplo, en peatonal la casi total longitud de este eje vertebrador.

Sobre la necesidad de las actuaciones, no es necesario argumentar demasiado. Será raro el vecino que no haya deambulado por esta calle y sufrido las dificultades y riesgos que ello comporta. Escasos serán los usuarios de la vía que, yendo por la acera no correspondiente al sentido de su marcha, por lo escaso de la misma no se hayan visto obligados a lanzarse a la calzada en el momento justo en que pasaba un coche, obligados, por civismo, a ceder el paso a quienes sí transitaban por la acera adecuada. También serán pocos los que, yendo en compañía de otra o más personas, no se hayan vistos obligados a cortar cualquier conversación y adoptar la marcha en fila india, en cada uno de los tramos en los que las aceras quedan reducidas a su mínima expresión o carecen de la anchura que cabe esperar en una población que valore a sus ciudadanos. Y serán bastantes, en fin, los que hayan sufrido el susto de ver que un coche se les echa encima, pretendiendo acceder a La Gloria desde alguna de las calles que en ella acaban o se inician, o los que se hayan tenido que poner de perfil para evitar la peligrosa proximidad de un vehículo marchando excesivamente pegado al bordillo.

Todos los inconvenientes relacionados y muchos otros que podríamos enumerar no van a poder ser totalmente eliminados con las actuaciones decididas. El tráfico de vehículos va a continuar, con los problemas que el mismo suscita, entre ellos inseguridad para el peatón y contaminación, acústica y química. El hecho de que la circulación sólo se haga en un único sentido no va a reducir el tráfico al 50% del actualmente existente. Quizás no lo reduzca en absoluto.

Admitiendo que la circulación en un solo sentido vaya a reportar ventajas, el hecho de que se haga de norte a sur las puede mermar considerablemente. Porque circulando así lo que se hará será meter vehículos hacia el centro del pueblo, cuando lo deseable sería sacarlos, evitar que desde la periferia concurriera tráfico hacia el núcleo de la población. Además, si no se pudiera entrar hacia el centro desde el norte de la calle quizás se rentabilizase el parking existente junto al cementerio, por la posibilidad de que muchos usuarios del coche se sintieran disuadidos a dejarlo en el mismo y acceder al centro (ayuntamiento y otros destinos) andando. No se tardaría más que unos pocos minutos, la persona ganaría en salud y el entorno mejoraría notablemente.

La circulación por la calle exclusivamente de norte a sur tiene otro inconveniente, que podría resultar irrelevante para algunos pero que de ningún modo lo es. En este pueblo nos seguiremos muriendo después de que se haya remodelado la calle y habrán de enterrarnos, y en los entierros, ya se sabe, el cortejo fúnebre, vehículo con féretro incluido, discurre de sur a norte. ¿Vamos a permitir el paso del coche fúnebre hacia el camposanto, con las dificultades que de ello se puedan derivar? ¿Vamos a crear un nuevo itinerario para las comitivas funerarias? Cabe esperar que, con el paso del tiempo, se pierda la costumbre, una buena costumbre, de acompañar al fallecido y a sus familiares hasta el cementerio, pero de momento, y ojalá que por muchos años más, esta buena costumbre sigue practicándose. Hasta que desaparezca, si llega el caso, se tendrá que tener en cuenta.

El tramo por el que se prevé la circulación de vehículos (S. León – Puig Valera) es, por decirlo de algún modo que resalte su importancia, la parte VIP de la calle. Por él tendrá que deambular casi todo el que desee acceder a los organismos allí ubicados (ayuntamiento, centro de salud y otros también relevantes) y a los comercios actuales y futuros de la misma o localizados en sus proximidades. Es decir: estas personas deberán seguir compartiendo la calle con los vehículos. Disponer de aceras más anchas representará sin duda una posible mayor protección para los peatones, pero de ninguna manera reducirá el riesgo de sufrir algún percance, por razones que a todos nos resultarán obvias. Seguiremos obligados a caminar en actitud alerta, nada relajados, sin sentir el innegable gozo de pasear por nuestras calles, como ocurre cuando se hace por lugares con las características que se presumen para esta zona. La conversión de este entorno en un espacio social generador de relaciones tiene, en estas circunstancias, una escasa probabilidad de éxito.

En este tramo, no se olvide, está la Plaza del Ayuntamiento, que debería estar llamada a convertirse en centro neurálgico del pueblo, en lugar de referencia para propios y extraños y de concurrencia de vecinos: niños, jóvenes, adultos y mayores, para crear núcleos y espacios de convivencia, a los que no podemos renunciar. Con el tráfico que habrá de soportar, ¡qué difícil lo vamos a seguir teniendo!

Con la existencia de dos aparcamientos con capacidad de disuasión, el que hemos mencionado junto al cementerio y el ubicado al sur de la Casa de D. Claudio, lindando con el Jardín de Manuel García Peña –calle Cuatro Esquinas–, no debería ser difícil peatonizar la calle La Gloria, limitando el tráfico de vehículos de manera selectiva, como en tantas calles de tantos pueblos.

Sí, en otro pueblo posible otra calle La Gloria también es posible. Pero demos la bienvenida a las actuaciones necesarias. Quizás algún día se hagan también las suficientes.

Juan López Pérez

Revista La Calle Nº185 – Marzo 2019