Tribuna Abierta: La Casa de Los Murcia

La Casa de Los Murcia: Retazos de su intrahistoria y posibilidades

«Padrinazgo de Don Antonio y Doña Concha»

En la Iglesia santomerana Ntra. Sra. del Rosario, y hacia el año de 1917, contraían matrimonio estas dos personas de nuestro pueblo. Él, José Cardona Castaño, nacido en 1873, albañil. Ella, Florentina Campillo Martínez (la traemos, de mediana edad, en la Fotografía 4), que vino a este mundo en el año 1876, abandonándolo un viernes nueve de noviembre de 1945.

Transcurridos algunos años, un infausto tercer jueves del mes de mayo de 1924, fallecía José, el marido de tía Tinica, y la situación económica familiar (una viuda con dos hijos, de cinco y tres años de edad) fue bastante complicada, tanto que, durante algún tiempo, «si la ropa que llevábamos puesta era nuestra, se debía a la generosidad de los Señores Murcia, que en esta ocasión, como en tantas otras, ayudaron con dinero y víveres» (así lo hace constar mi padre en sus memorias). Y ante esta inesperada desgracia, hubo de volver Florentina, aunque no muy convencida (tenía que dejar a sus hijos solos durante toda la jornada), a su tarea de costurera con los Sres. Murcia. No tardó demasiado en considerar que ello no era la mejor solución para los pequeños.

Pero no resultó coyuntural que apadrinaran dicho sacramento, ya que este padrinazgo constituiría solo una muestra de la colaboración que los Sres. Murcia tuvieron con mis antecesores paternos, como podremos constatar en este trabajo. Y es que fueron reiteradas las relaciones que tuvieron estos Sres. con el citado matrimonio y sus hijos cuando la vida puso a José y Florentina en situación límite, tanto en lo económico como en lo emocional.

Florentina Campillo Martínez, tía Tinica, de oficio costurera, ejerció sobre todo en la Casa del Huerto, propiedad, en función del tiempo, de los sucesivos herederos de don Juan Murcia Martínez. Tal vez esta relación laboral hizo que estos señores actuaran como padrinos en su boda.

El paso de los días fue regalando a José y Florentina la descendencia que deseaban. Así, el miércoles 4 de diciembre (en los documentos civil y religioso el siete) de 1918 les nacía su primogénito, José, presentado en el Juzgado nº1 de Murcia y bautizado en el templo santomerano. Y no tardando mucho, concretamente el 4 de mayo, así mismo miércoles, pero de 1921, llegaría Antonio, su segundo y último hijo. Pues bien, en el bautismo de ambos actuaron de padrinos los señores Murcia.

En el caso del mayor, mi padre, transcribo la partida de su bautismo: «En la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario de Santomera, Diócesis de Cartagena, provincia de Murcia, a ocho de Diciembre de mil novecientos dieciocho, yo Don Luciano Prior García, Pbro. Coadjutor de la mencionada Parroquia, bauticé solemnemente y crismé a un niño que nació el día anterior a las diez de la noche, a quien puse por nombre José. Es hijo legítimo de legítimo matrimonio de D. José Cardona Castaño, de cuarenta y cinco años de edad, de profesión albañil, y de Doña Florentina Campillo Martínez, de cuarenta y dos años de edad, casados en la Parroquia de Santomera… Fueron Padrinos Don Antonio Murcia Rebagliato, de estado casado, y Doña Concepción Murcia Rebagliato, de estado soltera, siendo naturales y feligreses de Santomera. Fueron los testigos don José Martínez, sacristán, y Miguel Molinero Yuste. Y para que conste firmo en Santomera. Fdo.-Luciano Prior.»

Decidió poner, en su domicilio de la calle de los Pasos, una tienda de piensos, leña y otros artículos. Resultó ser una excelente idea. Si bien, la apertura de este comercio fue posible gracias al préstamo de ¡¡25 pesetas!! (100 reales era un dinero en 1924) que le hicieron los Sres. Murcia (quienes nunca aceptaron les fuera devuelto). Pasado un lustro en esta situación más llevadera, José y Antonio ingresaron en las Escuelas Nacionales del pueblo (una de cuyas aulas, ya desvencijada, pero conservando el mismo pavimento de cemento que antaño, aún llegué a conocer, aunque dedicada ya a otros menesteres menos nobles). Y lo hacían tras estar un periodo en el parvulario de la tía Pereta, casa-escuela a la que yo también asistí, a primeros de los cincuenta, cuando estaba abierta en la calle de Santander, frente al final de la tapia que circundaba el huerto, jardines y vivienda de los Borreguero.

José Cardona Andújar

Hijo de Pepe ‘el de la Tinica’ y Teresa ‘del Cura’

Revista La Calle Nº185 – Marzo 2019